El Papa realizó el tradicional recorrido del Viernes Santo ante miles de fieles, en una ceremonia donde se hicieron plegarias por la paz y se recordó la responsabilidad de los gobernantes.
En su primer Viernes Santo como Pontífice, León XIV presidió el Vía Crucis en el Coliseo Romano, cargando personalmente la cruz a lo largo de las catorce estaciones. La ceremonia congregó a más de 30.000 fieles en el Anfiteatro Flavio.
Durante el recorrido, se leyeron meditaciones que hicieron referencia a la actualidad mundial, incluyendo plegarias por las víctimas de los conflictos. «Concédenos lágrimas, Señor, para llorar por los desastres de las guerras; para llorar por las masacres y los genocidios», se leyó en una de las estaciones.
Previamente, el Sumo Pontífice mantuvo conversaciones telefónicas con los presidentes de Israel, Isaac Herzog, y de Ucrania, Volodimir Zelensky. En ellas, abogó por el diálogo para una «paz justa y duradera», la protección de civiles y el respeto al derecho internacional.
Las meditaciones para el Vía Crucis fueron encargadas al padre Francesco Patton, excustodio de Tierra Santa. La ceremonia concluyó con una oración de San Francisco y una bendición final. Horas antes, el Papa había presidido la celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro.
