Se profundizan las diferencias internas en la administración nacional en torno a las políticas económicas, mientras la inflación continúa siendo un desafío central.
Se registran tensiones al interior del Gobierno nacional en relación a la conducción de la economía y la persistente inflación. El ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, enfrenta cuestionamientos desde distintos frentes, incluyendo al expresidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, quien ha señalado responsabilidades en la actual dupla económica.
El índice de precios de marzo, que alcanzó el 3,4%, reactivó el debate sobre la efectividad de las medidas implementadas. Sturzenegger, en línea con observaciones del Fondo Monetario Internacional, ha manifestado críticas a la política cambiaria y monetaria vigente.
El Presidente Javier Milei expresó su descontento con el último dato inflacionario a través de sus redes sociales, calificándolo como «malo». Esta situación ocurre en un contexto donde el ministro Caputo ha defendido la estrategia de contener el tipo de cambio y liberar importaciones para combatir la suba de precios, aunque los resultados esperados no se habrían materializado aún.
La situación fiscal, marcada por un superávit, también genera análisis por su impacto en áreas sensibles como jubilaciones, infraestructura vial y asignaciones presupuestarias a educación y ciencia. Paralelamente, se observa un flujo de dólares hacia el exterior por parte de personas físicas, sin un correlato en inversión extranjera directa.
En el sector productivo, especialmente el agropecuario, existe expectativa y cautela respecto a la liquidación de la cosecha, considerando el tipo de cambio y la política de derechos de exportación. Representantes empresariales han hecho llegar al Gobierno su preocupación por la situación social.
El escenario plantea un dilema para la administración: continuar con el plan económico actual, apostando a una futura desaceleración inflacionaria y recuperación, o evaluar cambios en la estrategia, con los riesgos de confianza que ello podría implicar. La complejidad de la coyuntura económica define un panorama de desafíos para la gestión oficial.
