La diferencia entre los seguros contra default a uno y dos años supera los 270 puntos básicos, señal de que los inversores comienzan a cubrirse ante eventuales cambios de rumbo o dudas sobre la sustentabilidad del modelo actual.
El diferencial entre los seguros contra default (CDS) a uno y dos años supera los 270 puntos básicos, reflejando el temor a un cambio de rumbo político, pero también dudas sobre la sustentabilidad del modelo económico si el actual oficialismo continúa en el poder. Mientras el seguro a un año opera en torno a los 238 puntos básicos, el CDS a dos años salta a 509 puntos, más del doble.
En Wall Street ya comenzaron a ponerle precio a otro escenario. Los credit default swaps (CDS), utilizados para cubrirse ante un incumplimiento de deuda, se transformaron en uno de los principales termómetros de la incertidumbre financiera argentina. La diferencia entre los contratos a uno y dos años permite medir específicamente el riesgo asociado al período electoral, y en Argentina esa brecha es particularmente llamativa: en otros países suele ubicarse entre 20 y 60 puntos básicos.
El consultor financiero Javier Peralta advierte que bonos como los AL30 y GD30 muestran una mayor volatilidad justamente porque quedan expuestos al escenario posterior a 2027. “El mercado está empezando a ponerle precio al riesgo político de largo plazo”, explica. Según detalla, el diferencial de tasas entre bonos que vencen antes y después de las elecciones ronda actualmente el 3 por ciento, equivalente a unos 300 puntos básicos.
Desde el Centro Cultural de la Cooperación (CCC) señalan que la lectura de los CDS no necesariamente implica que los inversores estén apostando únicamente a una derrota electoral del oficialismo. “El mercado parece asumir que el esquema puede llegar relativamente estable hasta las elecciones, pero no necesariamente que sea sostenible en el largo plazo”, indican. Según esa mirada, persisten interrogantes sobre cómo el Gobierno sostendrá en los próximos años los pagos de deuda, la necesidad de dólares y el creciente peso de los compromisos financieros.
A eso se suma que incluso en plena liquidación del agro, las reservas muestran un comportamiento prácticamente estancado. Parte de los dólares que compra el Banco Central vuelven rápidamente a salir por otros canales, ya sea vía pagos financieros o formación de activos externos.
