Cuatro especies que los guaraníes usaron con fines curativos y que hoy se emplean como drogas en contextos recreativos y criminales son el objeto de estudio de una beca de investigación de la UNNE.
Cuatro especies que los guaraníes usaron con fines curativos y que hoy se emplean como drogas en contextos recreativos y criminales son el objeto de estudio de una beca de investigación de la UNNE. Luciana Antonela Vizgarra, becaria del Instituto de Ciencias Criminalísticas y Criminología de la UNNE busca establecer, por primera vez para la región, en qué dosis y en qué parte de cada planta reside el mayor riesgo tóxico.
Durante siglos plantas como el «chamico», el «toloache», el «estramonio» y el «floripon» formaron parte de la medicina de los guaraníes, que las usaban para tratar dolencias a través del payé. Son especies que crecen en los montes y jardines del NEA.
Esas mismas plantas son objeto de una investigación que busca determinar con precisión cuánto daño pueden causar al organismo, en qué parte de la planta se concentra mayor toxicidad y en qué momento del ciclo de vida de la planta el riesgo es mayor.
La investigación la lleva adelante Luciana Antonela Vizgarra, becaria del Instituto de Ciencias Criminalísticas y Criminología de la UNNE, en el marco de una Beca Estímulo a la Investigación Tipo I de la Secretaría General de Ciencia y Técnica. La dirección está a cargo de la doctora Ana María Torres, del Laboratorio de Productos Naturales LabProdNat, perteneciente al IQUIBA- NEA de la FaCENA, con la co-dirección de la Mgter. Gisela L. Forlin (Instituto de Ciencias Criminalísticas y Criminología, UNNE) y la subdirección del Dr. Gonzalo Ojeda (LabProdNat, IQUIBA-NEA, CONICET-UNNE).
Las cuatro especies que estudia la becaria —Brugmansia suaveolens (floripon), Datura ferox (chamico), Datura inoxia (toloache) y Datura stramonium (estramonio)— pertenecen a la misma familia botánica que el tomate o el pimiento. Contienen en sus hojas, semillas y raíces alcaloides del tropano —entre ellos la escopolamina, la atropina y la hiosciamina— que actúan sobre el sistema nervioso alterando la percepción, la memoria y el comportamiento.
Dos de esas sustancias, la escopolamina y la atropina, integran la Lista de Medicamentos Esenciales de la Organización Mundial de la Salud: la primera se usa para tratar náuseas y la segunda para ciertos problemas del ritmo cardíaco. Pero la misma propiedad que las hace útiles en dosis controladas las convierte en peligrosas fuera de ese control.
La ingesta de cualquier parte de estas plantas puede provocar desde dilatación de pupilas, aceleración del ritmo cardíaco y aumento de la temperatura corporal, hasta estados de confusión, alucinaciones, pérdida de la memoria y, en los casos más graves, coma o muerte. En Estados Unidos, especies del género Datura concentran un porcentaje significativo de los envenenamientos fatales por plantas.
El trabajo de Vizgarra contempla también una dimensión que cruza la salud pública con la justicia penal. Estas plantas se han usado, y se usan, para cometer delitos. La escopolamina, en particular, es conocida como uno de los componentes de lo que en distintos países se denominan drogas facilitadoras de agresiones sexuales.
Los estudios realizados en otros países estiman que hasta el 17 % de las agresiones sexuales podría involucrar la administración encubierta de alguna sustancia de este tipo. Uno de los vacíos que esta investigación pretende llenar es la determinación de la concentración de cada alcaloide según los diferentes órganos de las plantas y momento de desarrollo.
El grupo de investigación en Productos Naturales del IQUIBA-NEA lleva años estudiando plantas medicinales y aromáticas de la región. Hace seis años inició una línea específica sobre plantas con efectos sobre el sistema nervioso, que incluye actualmente dos tesis doctorales en curso sobre otras especies.
La investigación parte de tres hipótesis que deberán ser confirmadas o descartadas con los resultados. La primera es que la cantidad de alcaloides y el nivel de daño que produce la planta varían según la zona donde fue recolectada, el momento de su desarrollo y el órgano que se analice. La segunda hipótesis sostiene que es posible determinar el tipo de daño mediante ensayos en laboratorio sin necesidad de recurrir directamente a ensayos con animales en una primera instancia. La tercera hipótesis propone que, mediante ensayos con ratones de laboratorio, se puede establecer la dosis letal cincuenta (DL50).
El trabajo comenzará con la recolección de las plantas en distintos puntos geográficos y en al menos dos momentos de su ciclo de crecimiento. Sobre esos extractos se medirá la concentración de alcaloides y se realizarán ensayos de daño progresivos: primero con Artemia salina, luego con raíces de cebolla y finalmente en ratones de laboratorio para las especies más dañinas.
Los resultados tendrán aplicaciones en salud pública, en el plano judicial y criminalístico, en el plano científico y en la enseñanza universitaria de grado y posgrado.
