Un estudio del Centro de Investigaciones Sociales de la UADE revela que ocho de cada diez personas rechazan la promoción automática, aunque la mayoría tampoco considera que la repitencia sea la solución adecuada para mejorar los aprendizajes.
Una encuesta realizada por el equipo del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) indagó las percepciones sociales sobre la educación en Argentina. El estudio, realizado sobre 516 personas mayores de 18 años del Área Metropolitana de Buenos Aires, muestra que existe un consenso sobre la necesidad de mejorar los aprendizajes, pero profundas diferencias respecto de las medidas para lograrlo.
Según los datos difundidos, el 79% de los encuestados rechaza los sistemas de promoción automática, en los que un alumno avanza de grado sin posibilidad de repetir. Sin embargo, cuando se consulta sobre la utilidad de la repitencia, el 58% acepta que repetir puede ser una herramienta válida, pero solo en situaciones excepcionales. Esto indica que la sociedad no se inclina ni por eliminar la exigencia académica ni por volver al esquema de repitencia automática frente al bajo rendimiento.
Julio Levin, responsable del área de Educación del CIS, afirmó: “Hay un rechazo muy fuerte a la promoción automática, pero el repetir grados tampoco aparece como una alternativa que atraiga demasiado. Hay acuerdo en que hace falta mayor exigencia para garantizar aprendizajes, pero no en cuál debe ser el mecanismo para lograrlo”.
El investigador señaló que el debate entre promoción automática y repitencia no está cerrado entre los especialistas. Existen investigaciones internacionales que muestran efectos negativos de promover alumnos sin conocimientos mínimos, mientras que otros trabajos cuestionan la eficacia de la repitencia tradicional. En Argentina, sostuvo, falta evidencia propia para evaluar los resultados de las reformas provinciales de los últimos años.
El estudio también abordó la percepción sobre las responsabilidades del fracaso escolar. El 34% de los encuestados atribuye la principal responsabilidad al propio estudiante, el 30% a la familia, el 18% a la escuela o al sistema educativo, el 8% a las condiciones sociales y económicas, y el 3% a los docentes. Levin declaró: “La crisis de los aprendizajes es claramente sistémica. No es responsabilidad exclusiva de un alumno, de una familia o de un docente”.
En cuanto a las consecuencias emocionales de la repitencia, casi la mitad de los encuestados considera que repetir un grado estigmatiza al alumno frente a sus compañeros y el 45% cree que esa marca puede tener efectos duraderos en su desarrollo emocional y social. Ante el caso hipotético de una alumna con serias dificultades de comprensión lectora, tres de cada cuatro personas estimaron que hacerla repetir aumentaría la probabilidad de estigmatización.
Las estrategias con mayor consenso fueron los programas de apoyo y refuerzo dentro del aula (53%), las evaluaciones diagnósticas tempranas (47%), las clases particulares o apoyos externos (41%) y el trabajo articulado entre escuela, familias y comunidad (41%). La repetición de grado aparece entre las alternativas menos elegidas.
Levin concluyó: “No se trata de defender de manera acrítica la promoción automática ni la repitencia tradicional. Lo importante es encontrar soluciones más inteligentes: detectar antes las dificultades, acompañar mejor a los estudiantes y fortalecer a los docentes. Cuando un alumno llega a repetir, muchas veces el sistema ya llegó tarde”.
