martes, 14 julio, 2026
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La Copa del Mundo y la economía: un análisis de datos y tendencias

El Mundial de Fútbol tiene múltiples dimensiones: social, deportiva, de negocio y política. Pasada la euforia, la pregunta es hasta qué punto esto cambia la realidad de cada uno y la del país.

Como cualquier actividad humana, el Mundial de Fútbol tiene múltiples dimensiones: la social, la deportiva, la del negocio, la política. Pasada la euforia, la pregunta que debemos hacernos es hasta qué punto esto cambia la realidad de cada uno y la del país.

Desde que arrancaron, se han realizado 23 mundiales de fútbol, de los cuales Argentina participó en 18. A pesar de la insistencia de los fanáticos y de sus vividores en establecer relaciones causales —sean científicas o míticas— que expliquen a los ganadores, 23 o 18 son un número de eventos insuficientes como para sacar conclusiones estadísticas de alguna validez. Análisis como los de Chequeado o el HSBC, que sostienen que existe o no existe un efecto económico o demográfico, se equivocan; ni siquiera esto podemos probarlo.

Sin embargo, algunas cosas resultan claras: ni los países más ricos ni los menos ricos son los que tienden a llevarse “la Copa”, ni los más populosos ni los menos populosos, ni los más liberales ni los más autocráticos. En definitiva, ni la economía, ni la población, ni la política parecen ser determinantes significativos de los ganadores.

En todo caso, aunque sea arriesgado hablar del sentido de la causalidad —y mucho más difícil definir qué es auténticamente un fanático de fútbol—, no podemos descartar a priori que exista una relación entre la intensidad del “amor/interés por el fútbol” de los distintos países y la cantidad de copas ganadas. Ahora, cuál es el sentido de la relación, es otra cuestión.

Como argumento nos queda entonces lo cultural o alguna otra cuestión —por favor no meta lo religioso en esto— para entender quiénes ganan y por qué los yanquis siguen prefiriendo el “fútbol americano”, los hindúes el críquet y los chinos el básquetbol.

Puede que no les guste demasiado a los hinchas lo que sigue, pero hay al menos 26 países en el mundo, con una población en torno a los 4.110 millones de almas (casi el 50% del total mundial) donde el fútbol no es el deporte favorito. Claro ejemplo de esto son Estados Unidos, India y China que, si bien por su peso específico cuentan con unos 425 millones de “futboleros”, estos no llegan a ser el 17% de su población total.

No sorprende entonces que el amor al fútbol se reparta de manera distinta a lo largo del planeta, concentrándose en Latinoamérica y Europa. Esto no significa que el fútbol no sea el rey de los deportes a nivel mundial. Según la FIFA, 5.000 millones de personas siguieron la Copa Qatar 2022 y unos 1.500 millones vieron total o parcialmente la final entre Argentina y Francia (la audiencia promedio del partido fue de 571 millones). La expectativa es que, sean quienes sean los finalistas del Mundial 2026, el último partido será visto por entre 1.500 y 2.500 millones de personas.

Se entiende así que el fútbol sea un gran negocio. La estimación es que la pelota ronda unos 200.000 millones de dólares al año (300.000 millones sumando colaterales —los exagerados hablan de hasta 600.000 millones—), un tercio generado fuera de Europa (crece al 6%–7% anual, el doble que el PBI mundial), más que el cine, menos que la TV y casi la mitad de lo que mueve el narcotráfico. Parece mucho, pero no lo es tanto cuando vemos que la industria de los deportes global mueve unos 2,3 billones de dólares (cerca del 2% del PBI mundial). Todo esto —la geografía y los números— nos habla de un eventual potencial de crecimiento para el fútbol, que hace salivar la angurria de más de uno.

Los mundiales y la Argentina

Como deslizamos al comenzar estas líneas, existen múltiples estudios tratando de analizar las causas y los efectos de los mundiales de fútbol, que más allá de lo anecdótico, son todos falaces (en 1994 y en 2018 aparecieron en Ámbito un par de trabajos de quien esto escribe). Nuevamente aclarado esto, no deja de ser interesante revisar qué pasó con el bolsillo de los argentinos, siempre teniendo en cuenta que lo que sigue es puramente anecdótico.

Tomando la intervención de nuestro país en los mundiales desde 1962 (cuando tenemos data congruente sobre la variación del PBI per cápita argentino) vemos que en promedio el PBI creció 6,4% los años con mundiales y 3,2% al año siguiente. Antes de concluir cualquier cosa, es bueno tener en mente que en todos los años sin mundiales el per cápita promedió un incremento de 9,9% (si esto sugiere algo es que los años de mundiales no fueron, per se, “excepcionales”).

Cuando miramos más de cerca lo sucedido, parecería que la variación del per cápita durante el año en que se realiza la contienda mostraría alguna vinculación con el resultado deportivo. Los años en los que más alto llegó al podio nuestro país parecerían estar asociados a una mayor mejora del bolsillo de los argentinos y viceversa. De ser así, esto nos deja frente al intríngulis de si es el fútbol quien tracciona a la economía o la economía al fútbol (recordar que los mundiales se suelen celebrar a mediados de año, lo que complica las conclusiones).

Lo que también parecería trasuntarse es que, de existir algún efecto, este no se traslada al año siguiente y por el contrario podría darse hasta una reversión en la dirección del crecimiento. Lo prudente entonces es no esperar que, sea cual sea el resultado de los próximos días, nuestro día a día cambie de manera significativa. ¡Ah!, ¿qué pasó con los mundiales y los resultados eleccionarios en Argentina? Eso queda para otra nota.

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