Miles de jóvenes del NEA se encaminan este sábado a la Basílica de la Virgen de Itatí como hace 42 años para «sanar, soñar y servir». Al salir, el Arzobispo de Corrientes les pidió compromiso con la construcción de un mundo mejor.
Miles de jóvenes del NEA se encaminan este sábado a la Basílica de la Virgen de Itatí como hace 42 años para «sanar, soñar y servir». Al salir, el Arzobispo de Corrientes les pidió compromiso con la construcción de un mundo mejor.
«Caminamos por María para sanar, soñar y servir. María, Madre de Itatí, hoy nos ponemos en camino hacia tu casa. Venimos con nuestras historias, plegarias y preocupaciones, con aquello que llevamos en el corazón y también con aquello que todavía no sabemos cómo expresar. Queremos caminar contigo», dijo el Arzobispo al dar un mensaje a los jóvenes peregrinos desde el punto de partida.
«Que en este camino podamos dejar atrás lo que nos pesa, lo que nos divide y todo aquello que nos impide vivir con libertad y esperanza», agregó para animarlos en el camino de esta tradicional procesión de fe que se repite desde hace 42 años.
Larregain invocó a la Virgen ayuda para «no conformarnos con una vida sin horizonte y a descubrir que nuestros sueños pueden convertirse en caminos de entrega, fraternidad y de servicio».
«Que ningún joven pierda la capacidad de esperar, de imaginar un mundo más humano y de comprometerse para construirlo», arengó el prelado.
Los jóvenes de todas las Diócesis del NEA recorren a pie unos 60 kilómetros desde la capital correntina hasta llegar a Itatí, donde se encuentra la Basílica de la Virgen y donde mañana a las 9 asistirán a una misa concelebrada por los obispos de la región.
Larregain luego instó a los jóvenes peregrinos a ver más allá de sus rogativas individuales y a sensibilizarse con quiénes están necesitados de «una mano, una palabra, un escucho, una oportunidad, una presencia».
Expresó finalmente el deseo de que se regrese de Itatí «con el corazón renovado, con heridas que comienzan a sanar, con sueños que se vuelven a despertar y con un deseo nuevo de servir».
Momarandu
