El poeta francés Arthur Rimbaud escribió «La vie est la farce à mener par tous» en su libro Una temporada en el infierno, publicado en 1873. La frase, que suele circular como cita atribuida, forma parte de la sección El relámpago y no desarrolla una teoría cerrada sobre la vida como representación.
Arthur Rimbaud tenía 18 años cuando publicó Una temporada en el infierno, el único libro que llevó personalmente a la imprenta. Para entonces ya había escrito buena parte de la obra que lo convertiría en uno de los grandes “poetas malditos”.
Su recorrido literario fue breve e intenso. Antes de cumplir 20 años había escrito poemas, protagonizado varias fugas y desarrollado una relación turbulenta con Paul Verlaine.
La frase sobre la vida como farsa
“La vida es la farsa que todos debemos representar” es una traducción posible de “La vie est la farce à mener par tous”, frase que Rimbaud escribió en Una temporada en el infierno.
No se trata de una cita atribuida posteriormente al poeta. La formulación aparece dentro de El relámpago, una de las secciones del libro publicado en 1873.
El pasaje llega después de una reflexión sobre el trabajo, la felicidad y la imposibilidad de encontrar calma. Rimbaud escribe primero “¡Farsa continua!” y enseguida introduce la frase sobre la vida.
La palabra “farsa” puede leerse en su sentido teatral, pero el fragmento no desarrolla una teoría cerrada sobre que cada persona interprete conscientemente un personaje. El texto avanza entre contradicciones, rechazo y una sensación de estar obligado a continuar.
Esa inestabilidad también aparece en otras zonas de su escritura. Dos años antes había afirmado que quería convertirse en “vidente” mediante el desarreglo de los sentidos y había escrito su célebre “Je est un autre”.
“Je est un autre”, la frase que Rimbaud escribió a los 16 años
El 13 de mayo de 1871, Rimbaud envió una carta a Georges Izambard, su antiguo profesor en Charleville. Tenía 16 años y ya estaba decidido a romper con la poesía que consideraba convencional.
En esa carta escribió: “Es falso decir: yo pienso. Se debería decir: me piensan”. Inmediatamente después apareció la fórmula que atravesaría buena parte de las lecturas posteriores de su obra: “Yo es otro”.
Dos días más tarde desarrolló esas ideas en otra carta, dirigida al poeta Paul Demeny. Allí describió al poeta como alguien que debía alcanzar lo desconocido mediante un “largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos”.
La velocidad con la que construyó esas ideas resulta llamativa. Rimbaud había nacido en Charleville el 20 de octubre de 1854 y durante su adolescencia escapó varias veces de su casa. En 1871 llegó a París y comenzó una relación personal y literaria con Paul Verlaine.
La relación con Verlaine y el abandono de la poesía
Rimbaud y Verlaine viajaron por Francia, Bélgica e Inglaterra. La relación terminó de manera violenta en Bruselas, en julio de 1873, cuando Verlaine le disparó con un revólver y lo hirió en una muñeca.
Ese mismo año Rimbaud publicó Une saison en enfer. El libro contenía textos en prosa atravesados por la crisis personal, la religión, la escritura y el rechazo de distintas formas de vida que había probado.
Después llegó un giro todavía más extraño para un escritor que terminaría ocupando un lugar central en la poesía moderna. Rimbaud abandonó la literatura siendo muy joven y comenzó una etapa de viajes completamente alejada de los círculos literarios.
Recorrió distintos países y finalmente se instaló en África oriental. Vivió en Adén y Harar y trabajó en actividades comerciales, mientras su producción adolescente comenzaba a circular en Europa.
