Estamos en época de vacaciones, descanso y contemplación. Con las altas temperaturas marcando una pausa natural en las tareas más intensas, el jardín se convierte en un espacio para mirar con otros ojos: recorrerlo sin apuro, detectar lo que funciona, lo que incomoda y lo que podría transformarse cuando llegue el otoño. Es ahora cuando empiezan a dibujarse los proyectos que se pondrán en marcha más adelante.
Para acompañar ese proceso, la paisajista y florista María Laura Vidal Bazterrica propone diez claves fundamentales para diseñar o modificar un jardín de manera consciente, armónica y sin errores.
1. Conocer el suelo, la base de todo
Antes de cualquier intervención, es indispensable estudiar qué tipo de suelo tenemos. Su calidad, su pH, el drenaje, los desniveles y, sobre todo, el recorrido natural del agua en días de lluvias intensas o prolongadas. Entender hacia dónde escurre el agua permite anticiparse a problemas y pensar soluciones como rejillas o trampas de agua que protejan el diseño y las plantas.
2. Leer el sol y las sombras
Cada sector del jardín recibe una cantidad distinta de luz. Por eso es clave observar cómo se mueve el sol en verano y en invierno, qué zonas quedan a pleno sol, en sombra o media sombra, y cómo influyen los árboles del vecino, las construcciones linderas y la propia vivienda. Mirar el jardín a la mañana, al mediodía y al atardecer revela un juego de luces y sombras que define qué plantar y dónde.
3. El dibujo del jardín
El diseño empieza en el papel. Canteros curvos, rectos o mixtos, diámetros, alturas finales, combinaciones de especies o elecciones más minimalistas: todo forma parte del llamado “dibujo” del jardín. Jugar con distintas alturas, texturas de follajes y floraciones permite crear dinamismo y profundidad visual.
4. Pensar el jardín como un todo
Entrada, laterales, fondo, pileta, quincho, galería, huerta: cada sector debe dialogar con el otro. Un elemento estructural común —un arbusto, una herbácea o un árbol repetido— ayuda a unificar el diseño y facilita una lectura clara y disfrutable del espacio. La repetición ordena, pero hay que evitar la competencia visual.
5. Elegir una paleta de colores
Los colores son protagonistas en la creación de climas. Los tonos cálidos generan cercanía, vitalidad y son ideales para destacar entradas o recorridos: pavonia misionera, clivias o eureops cumplen muy bien ese rol. Los colores fríos —verdes, azules, grises, rosados y lilas— remiten al agua, al aire y a la calma, invitando a la contemplación y al descanso, como lavandas, rosales, peonías, salvias y gramíneas.
6. Definir usos y recorridos
Un jardín se disfruta cuando se usa. Marcar claramente los accesos principales y los de servicio, guiar los recorridos hacia los distintos sectores y pensar un objetivo concreto para llegar hasta el fondo del terreno son claves para aprovechar todo el espacio.
7. Crear lugares para estar
Todo jardín necesita un sector para descansar, reunirse y contemplar. Buscar las mejores vistas, sumar un banco o una mesa rodeados de especies que florezcan a lo largo del año, y ubicar el fogón en un lugar seguro —lejos de ramas y de la vivienda— permite activar zonas muchas veces relegadas.
8. Sumar perfume
El aroma es un lujo silencioso. Cuantas más especies perfumadas tenga el jardín, mayor será el disfrute y la atracción de polinizadores. Jazmines trepadores, gardenias, osmanthus fragrans, dama de noche, datura o magnolia grandiflora convierten el paseo en una experiencia sensorial.
9. Incorporar el cambio estacional
Un árbol, un arbusto o una herbácea que modifique su aspecto a lo largo del año suma interés visual. Especies caducas, con follajes otoñales o brotaciones llamativas, funcionan como puntos focales o ayudan a ocultar vistas poco atractivas. Lagerstroemia, prunus, aromos o leptospermum son buenos ejemplos.
10. Cuidar la materialidad
Pisos, lajas, madera, piedra, hierro, flejes, luces, agua y macetas no solo decoran: también ordenan, guían los recorridos y facilitan el mantenimiento. Elegir bien estos elementos es tan importante como seleccionar las plantas.
Con estas diez guías, el verano se convierte en el mejor aliado para pensar, proyectar y soñar el jardín que queremos ver crecer en la próxima temporada.
María Laura Vidal Bazterrica es paisajista y florista.
Por María Laura Vidal Bazterrica
