En su debut en la Copa Asiática 2026, la Selección de Fútbol Femenino de Irán se negó a cantar el Mehr-e Khavaran, himno nacional del régimen islamico. Un gesto que trasciende el deporte y se convierte en acto político: la resistencia frente a un régimen que oprime a las mujeres mientras el país se ve envuelto en una ofensiva bélica de Estados Unidos e Israel, un ataque directo a mujeres y niñez. Desde cualquier lugar del mundo es necesario condenar los ataques imperialistas sobre Irán y resaltar el derecho de los pueblos a la autodeterminación sin dejar de denunciar al régimen opresor irani.
Contra el regimen
En la previa del partido, las jugadoras, acompañadas por la entrenadora Marziyeh Jafari y la capitana Zahra Ghanbari, se negaron categóricamente a entonar su himno nacional. Las cámaras captaron cada gesto: seriedad, silencio y la determinación de no repetir palabras que para ellas simbolizan opresión. Un acto que se viralizó de inmediato.
Todas coincidieron en su decisión, ignorando posibles sanciones de la federación. En un país donde la protesta femenina es castigada y donde las movilizaciones de la mujeres han sido reprimidas, el gesto implica riesgos concretos. Su postura refleja el coraje de mujeres que, incluso en medio de un torneo internacional, ponen en juego su seguridad para enfrentar al régimen. Cada gesto refleja años de movilizaciones de mujeres en Irán que resisten las imposiciones patriarcales y reclaman derechos básicos contra una aparato estatal y religioso que las oprime desde hace décadas.
El debut tuvo lugar este lunes en Gold Coast, Australia, en el primer partido del grupo frente a Corea del Sur. El silencio de las jugadoras ocurrió en un contexto de ofensiva militar imperialista conjunta de Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní, que abrió una nueva fase de inestabilidad en Medio Oriente. Pero rechazar la agresión imperialista no implica dejar de criticar al régimen. El régimen iraní mantiene un sistema profundamente patriarcal apoyado en el aparato estatal y religioso que restringe derechos elementales de las mujeres y es profundamente represivo contra quienes lo enfrentan.
Un silencio que habla
La acción de las futbolistas se entiende como una protesta simbólica contra el régimen iraní y se alinea con las masivas movilizaciones en Teherán. Mujeres de todo el país exigen mayor libertad y derechos básicos. Que este gesto suceda en un estadio internacional multiplica su visibilidad y cuestiona la narrativa oficial del poder.
Mientras Corea del Sur ganaba 3-0, la verdadera victoria fue la voz silenciosa de quienes se atreven a mirar de frente al poder. Porque más allá del resultado deportivo, el silencio de la selección iraní resuena como un grito. El fútbol femenino, históricamente relegado y precarizado, volvió a demostrar que es también un espacio de disputa política. En un escenario internacional, las jugadoras transformaron un acto protocolar en un mensaje global. El silencio fue su herramienta y su protección, pero también su denuncia.
Rechazamos el ataque imperialista sobre Irán, y acompañamos a su pueblo, especialmente mujeres en su lucha contra el régimen irani.
