Al 31 de agosto, la Administración Pública Nacional ejecutó el 67,4% del Presupuesto 2026, 12,3 puntos porcentuales más que en el mismo período del año anterior. El Gobierno presentará el proyecto de Presupuesto 2027 el próximo martes 15 de septiembre.
Al 31 de agosto pasado, la ejecución del Presupuesto 2026 de la Administración Pública Nacional (APN) alcanzó el 67,4%, lo que representa 12,3 puntos porcentuales por encima de lo gastado en el mismo período del año anterior y el nivel más alto de ejecución desde 2016.
Al elaborar las proyecciones para este año, el Gobierno estimó una inflación equivalente a un tercio de la que finalmente se registraría y un crecimiento económico de más del doble del previsto actualmente. Ese desvío llevó a subestimar los gastos y sobreestimar los ingresos fiscales.
La Asociación Argentina del Presupuesto y la Administración Financiera Pública (ASAP) advirtió que el incremento de la ejecución «pone en evidencia que será necesario incrementar el monto total del Presupuesto, ya sea mediante una nueva ley o mediante un DNU».
«Dado que la necesidad de incrementar el monto total del Presupuesto en algún momento del año se viene manifestando desde hace varios meses, la ampliación de créditos mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) podría resultar cuestionable desde el punto de vista institucional, ya que no parece responder a una situación repentina o imprevisible, sino a una insuficiencia de créditos que había sido advertida con anterioridad», sostuvo la entidad.
ASAP había advertido en febrero de este año que los créditos presupuestarios se iban a «quedar cortos» para financiar el gasto presupuestado.
El nuevo Presupuesto 2027
El próximo martes 15 de septiembre, el Gobierno enviará al Congreso el proyecto de Presupuesto 2027. Entre los números clave se encuentra la estimación de inflación. La de este año terminará cercana al 30%, cuando el Gobierno había propuesto un 10%, con crecimiento del PBI del 5,4%. Ahora los analistas estiman un 2,1% para el PBI.
Para 2026, el Gobierno había previsto un tercio de la inflación que finalmente ocurriría, con una expansión económica de más del doble. Eso arrojaba en los papeles un menor gasto con mayores ingresos fiscales.
Sin shutdown
Ante una situación de este tipo, el Gobierno de Javier Milei propone aplicar un mecanismo similar al shutdown estadounidense: si se acaban los fondos, cerrar una parte del Estado. En Estados Unidos, cuando el Congreso no aprueba el presupuesto, el presidente declara el shutdown, se frenan los gastos, los empleados públicos son enviados a sus casas y solo siguen funcionando algunos servicios cuyo financiamiento se establece por fuera de la ley de presupuesto.
En el caso de Argentina, si Javier Milei no ampliara la columna de los gastos, de contar con la ley que intelectualmente pertenece al ministro Federico Sturzenegger, debería declarar el cierre de la APN.
Problemas para cerrar las cuentas
A esta altura del año, algunos analistas prevén que el Gobierno no podrá cumplir con la meta de superávit fiscal acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Si bien la meta indicativa es del 1,4% del PBI, en términos concretos debe reunir $16,2 billones. Hasta julio sumó $10 billones.
Si se tiene en cuenta que en diciembre el resultado es deficitario debido al pago de aguinaldos, entre agosto y noviembre deberían sumarse casi $1,5 billones de superávit mensual en promedio. Analistas entienden que, como la recaudación fiscal viene en caída, en rigor se deberían juntar $1,75 billones por mes para cumplir.
Pasivos que ahora no cuentan
El gobierno de Javier Milei estableció un cambio en los instrumentos financieros que usa para renovar vencimientos en pesos luego de que el Tesoro asumiera el total de la deuda que antes tenía el Banco Central. Emplea desde abril de 2024 letras y bonos capitalizables. Los intereses que generan contablemente no figuran como gasto financiero y, por lo tanto, no afectan al resultado. No obstante, los intereses pasan a ser nueva deuda al vencimiento y se rollean.
En ese sentido, ASAP señala que «si esos instrumentos tuvieran el esquema más convencional –intereses que se pagan y registran durante el plazo en que está vigente la deuda–, el resultado financiero dejaría de ser de equilibrio para ser un resultado de carácter deficitario».
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