Productores del NEA señalan que cultivos de maíz con tecnología Bt, diseñada para controlar plagas, requieren aplicaciones repetidas de insecticidas para controlar al gusano cogollero. Un productor de General José de San Martín y un ingeniero agrónomo de General Güemes describen la situación.
En el norte de Chaco, productores que sembraron maíz con tecnología Bt, diseñada para proteger al cultivo de determinadas plagas, están teniendo que ingresar a los lotes una y otra vez para controlar al cogollero. El problema también se reporta en sectores de Formosa y Corrientes, donde los ataques sobre materiales que deberían ofrecer protección encendieron una señal de alarma. Esta situación, además, suma costos en una región donde el maíz ya tiene una ecuación económica ajustada.
Omar Farana es productor en la zona de General José de San Martín, en Chaco, a unos diez kilómetros de esa localidad, sobre la ruta provincial 90. En la campaña actual sembró maíz temprano y el cultivo todavía está en sus primeras etapas de desarrollo. Sin embargo, ya tuvo que realizar dos aplicaciones de insecticidas contra el cogollero y se prepara para hacer una tercera, por recomendación de los técnicos que recorrieron el campo.
“Se supone que en esta época del año, con la siembra temprana, nunca tuvimos problemas con el cogollero, y menos cuando uno está sembrando una variedad que tiene cobertura contra la plaga”, contó Farana.
El productor también hizo aplicaciones para controlar la chicharrita del maíz, otra plaga que obliga a los agricultores del norte argentino a destinar recursos adicionales al manejo del cultivo. Pero el ataque del cogollero lo tomó por sorpresa. La semilla que compró tenía tecnología Bt, utilizada para dar protección frente a determinados insectos, y esperaba no tener que enfrentar una situación semejante.
“Yo digo que no voy a tener problemas porque se supone que estoy comprando una semilla que me cubre esta plaga”, planteó.
Farana asegura que no se trata de un episodio aislado. Según contó, otros productores de su zona están teniendo dificultades similares, incluso quienes sembraron materiales de distintos orígenes. También recibió referencias de ataques en Formosa y Corrientes. En su caso, el problema ya implica más gastos y la incertidumbre sobre el rendimiento que finalmente podrá obtener.
“Esto seguramente va a tener implicancia después en el rinde”, advirtió. Y resumió su preocupación con una frase que refleja el desconcierto de los productores frente a una situación que no esperaban encontrar en esta etapa del cultivo. “La verdad que te genera una impotencia”.
El panorama que describe Farana encuentra un correlato en el testimonio de Hugo Kolazinski, ingeniero agrónomo y productor maicero. Desde el departamento General Güemes, en el norte provincial, el técnico señala que el problema se observa en explotaciones de distintas zonas y que no corresponde atribuirlo, según su experiencia, a un híbrido o semillero en particular.
“Todos los maíces, todos los materiales, perdieron la resistencia al cogollero, al evento Bt”, sostuvo Kolazinski al describir lo que está viendo en los lotes de la región.
La afirmación se apoya en observaciones de campo y en intercambios con otros productores y colegas. El agrónomo contó que hay cultivos de apenas 20 días, en estadios de desarrollo iniciales, que ya recibieron tres aplicaciones de insecticidas. En algunos casos, los tratamientos se repiten con intervalos de seis días y, aun así, queda una proporción importante de la plaga en las plantas.
“Llegás a encontrar ocho o diez orugas por planta, eso nunca lo vi”, relató, al dimensionar la población de insectos que está encontrando en los lotes.
El cogollero es la larva de una polilla, Spodoptera frugiperda, que se alimenta de las hojas y puede dañar seriamente el maíz durante sus primeras etapas de desarrollo. La tecnología Bt incorpora proteínas insecticidas producidas por la bacteria Bacillus thuringiensis, que permiten controlar determinadas plagas. La protección depende del evento incorporado en la semilla y de la susceptibilidad del insecto a las proteínas que produce.
La presencia de orugas en maíces Bt no demuestra, por sí sola, que la tecnología haya dejado de funcionar. Sin embargo, la necesidad de realizar aplicaciones reiteradas, junto con los niveles de infestación descriptos por los productores y técnicos, plantea un interrogante concreto sobre la eficacia del control en las condiciones actuales del NEA.
Farana, por su parte, busca explicaciones. Contó que solicitó la intervención de técnicos vinculados a la semilla que compró y que también está recurriendo a instituciones y referentes del sector para que se analice lo que está ocurriendo. Incluso dispone de semilla sobrante que podría aportar para que se realicen estudios.
El productor no descarta que haya cuestiones de manejo que deban revisarse, pero reclama una respuesta que permita comprender por qué se repite el problema entre agricultores de una misma región. “Si yo hice mal los deberes, asumiré la responsabilidad. Pero que yo haya hecho mal los deberes no significa que el vecino también lo haya hecho mal”, sostuvo.
Bichos de Campo
