La tecnología de impresión 3D aplicada al hormigón avanza en Estados Unidos, Europa y Asia. En Argentina, la empresa Grondplek introdujo la primera impresora de la región y busca acelerar la construcción de viviendas con menor desperdicio de materiales.
La construcción tradicional en Argentina atraviesa un período de costos elevados y plazos extensos. En este contexto, la impresión 3D aplicada al hormigón comienza a posicionarse como una alternativa tecnológica. La empresa Grondplek, cofundada por Mateo Salvatto, importó la primera impresora 3D de hormigón de la región, destinada a proyectos residenciales, desarrollos urbanos, estaciones modulares e infraestructura corporativa.
Según Salvatto, “una vivienda de 120 m2 puede tener la obra gris lista en 48 horas”. La firma estima que la tecnología puede generar un ahorro económico de hasta un 30% y una mejora cercana al 35% en eficiencia de tiempos respecto a métodos tradicionales.
La máquina utilizada mide aproximadamente 11 metros por 11 metros y alcanza unos 7 metros de altura. Funciona conectada a una planta mezcladora compacta, una bomba y una manguera que alimenta el cabezal de impresión. La estructura se construye por capas con una mezcla cementicia que incorpora un 2% de aditivos especiales. “Es hormigón, nada muy místico”, afirmó Salvatto.
La impresora deposita solo el material necesario en cada etapa, lo que reduce desperdicios. Para comenzar, el terreno debe estar nivelado y compactado. La máquina realiza la obra gris: paredes, estructura, escaleras y algunos elementos fijos. Las instalaciones, revestimientos y terminaciones se realizan con métodos tradicionales.
En el ámbito internacional, en Texas se abrió un local de Starbucks construido con esta metodología; en Japón, una estación ferroviaria se imprimió en seis horas; y existen barrios completos desarrollados con impresión 3D en Estados Unidos, España y Países Bajos.
La arquitecta Myriam Heredia, especialista en nuevas tecnologías, sostuvo que “la optimización de recursos y la reducción de desperdicios permiten abaratar costos y disminuir el impacto ambiental”. También señaló que las viviendas impresas utilizan diseños curvos que mejoran el aislamiento térmico y la eficiencia energética.
En Argentina, no existen viviendas terminadas con este sistema. Los costos estimados internacionales oscilan entre u$s1.100 y u$s1.700 por m2, frente a los u$s1.500 a u$s2.200 de la construcción tradicional. La implementación enfrenta desafíos: el costo inicial de la impresora ronda los u$s200.000 y debe importarse; además, requiere escala (entre 4.000 y 8.000 m2 por año) para ser rentable.
Heredia consideró que la adopción “depende de incentivos privados, regulación y formación profesional”. Guillermo Tella, arquitecto y doctor en Urbanismo, afirmó que la tecnología “puede convertirse en una herramienta importante frente al déficit habitacional argentino, estimado en 3,5 millones de viviendas”. Ambos coincidieron en que la expansión masiva podría darse en un plazo de cinco a diez años, especialmente en provincias como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.
La impresión 3D de hormigón también se aplica a infraestructura urbana, premoldeados, minería y módulos corporativos. Salvatto describió el sistema como “una fábrica portátil de premoldeados”. Actualmente permite construir edificios de hasta tres plantas y no elimina la mano de obra humana, sino que modifica procesos y reduce tareas pesadas.
