El pintor, dibujante e ilustrador falleció en Córdoba. Su obra abordó la memoria, la violencia política y la condición humana.
El pintor, dibujante e ilustrador Carlos Alonso murió en Córdoba a los 97 años. Nacido en Tunuyán, Mendoza, en 1929, desarrolló una carrera de más de siete décadas en las artes plásticas argentinas.
Su producción incluyó pintura, dibujo, grabado e ilustración, y abordó temáticas como la memoria, la violencia política, la condición humana, la naturaleza y la literatura. Sus trabajos integran colecciones públicas y privadas en Argentina y en el exterior.
En 1977, durante la última dictadura militar, su hija Paloma Alonso desapareció mientras él se encontraba exiliado en Italia. Esa experiencia atravesó gran parte de su producción posterior, entre la que se destaca la serie «Manos Anónimas», que representa el terrorismo de Estado y sus consecuencias. Actualmente, esa colección forma parte de una muestra exhibida en el Museo Evita Palacio Ferreyra, en Córdoba.
A lo largo de su trayectoria recibió numerosos reconocimientos. En 1957 obtuvo el primer premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha. Años más tarde realizó una serie sobre La Divina Comedia, de Dante Alighieri. También ilustró El Matadero, de Esteban Echeverría, y el Martín Fierro, y desarrolló series propias en las que exploró la relación entre el ser humano, la violencia y el poder.
En 1980 regresó al país y fijó su residencia en Unquillo, Córdoba, donde continuó trabajando y exponiendo. Su producción fue exhibida en museos y galerías de Argentina y del exterior. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó la exposición «Carlos Alonso. Pintura y tradición», una retrospectiva sobre su legado artístico.
Recibió dos Premios Konex de Platino. Su obra trascendió generaciones y convirtió a la pintura, el dibujo y el grabado en herramientas para reflexionar sobre la realidad social, la historia argentina y la condición humana.
