La búsqueda del corpiño ideal implica considerar copa, contorno, tipo de aro, breteles y otras variables. Un repaso por las dificultades que enfrentan las mujeres al momento de elegir esta prenda.
Un par de columnas atrás, hablé del vínculo que tenemos las mujeres con nuestras bombachas. Hoy le toca el turno al corpiño y ese casting que hacemos para encontrar el ideal, el bueno, el que suele ser caro, el de primera marca, el que toda mujer con mucho busto necesita tener al menos uno en su cajón, esos que tienen muchos ítems a tener en cuenta. MUCHOS:
La copa. Es la que indica el volumen del pecho. Puede ser A, B, C, D, DD, DDD… Después hay que considerar el contorno de la espalda, la taza, el molde… Todo esto hace que el talle sea casi imposible de memorizar. Y encima cuando lo lavás, se borra. Tengo el proyecto de tatuármelo para no tener que estar probándome 80 corpiños cada vez que me quiero comprar uno nuevo.
Y la cosa no termina acá, porque también hay que decidir si llevarlo con aro, sin aro, con push up, sin push up, el sexy de encaje, el que parece medio de frígida.
Y después está el tema del bretel, que no se sabe bien por qué, nadie tiene que verlo. Entonces hay bretel finito, grueso, cruzado atrás.
Encima hay diseñadores sádicos que nos hacen vestidos y blusas preciosas sin tela atrás; entonces, nosotras tenemos que ingeniárnosla para poder usarlos sin que se sepa que tenemos corpiño. Y entonces también están los que tienen el bretel que te los tenés que pasar por la cintura y que nunca entendí bien cómo, o los sin bretel, o hasta nos quieren encajar esos dos cachos de goma para que te los pegues.
Eso no es un corpiño. El corpiño ES con bretel. Porque su función básica es sostener las gomas y sin bretel no se sostienen…
En una época circularon los breteles transparentes pero fracasaron porque al poco tiempo la silicona se ponía amarilla, después fosforescente. O sea, nada se notaba más que el bretel supuestamente transparente.
Harta del tema intenté alguna vez hacerme la turgente y salir a la vida sin corpiño pero no fue buena la experiencia. Caminaba raro, iba sacando pecho como si me quisiera agarrar a piñas con alguien para no quedar como Adelaida (la de las tetas caídas).
Y como si todo esto fuera poco, la gran mayoría de nosotras tiene una teta un poco más grande que la otra, y los fabricantes de corpiños no se hacen cargo de esto. Aunque también es cierto que hay que poner un coto a tanto detalle en nuestras vidas, chicas.
Los varones no tienen un calzón para pito largo, pito corto, huevón… Es cierto que nosotras también tenemos el corpiño simple. Ese que es 95, 80, 115, y a veces es mejor ir directo con ese.
Por lo general, el corpiño barato se suele guiar por esta nomenclatura. Me refiero a ese corpiño que a simple vista puede parecerse al caro. Es más: cuando lo comprás te sentís una genia del consumo y pensás “¡es re parecido y me salió mucho más barato!”
Hasta que lo usás unos minutos y te das cuenta de que no fue una buena compra: la tela es “rari”, te hace transpirar más de la cuenta, se desarma, te pincha, en un momento harta de que te pinche, terminás con el aro en la mano. O tal vez ojo, te salió bueno, a veces incluso mejor que el caro…
El fin… El casting de corpiños, mientras estemos vivas, no termina y siempre puede aparecer uno nuevo que mejore la experiencia del anterior, que te haga sentir más cómoda, más contenida, que te haga buenas gomas. Si lo encontrás, disfrutalo. Y si podés, anotá el talle y comprátelo en varios colores. Todas sabemos lo difícil que es encontrar el que mejor va con vos.
